Ulises Criollo es la obra más emblemática de José Vasconcelos. En esta especie de autobiografía (pues el autor nos dice que el libro no es tanto una biografía sino un prólogo para comprender el porque de sus acciones en la advertencia), el autor nos dibuja el México de finales del siglo XIX hasta cerca de 1913, cuando en la Decena Trágica se asesina al Lic. Madero.
José Vasconcelos es un personaje que la historia de bronce no menciona más que de pasada, probablemente por su Ulises Criollo. Esto queda explicado porque él mismo se pinta como una persona con pasiones, ideas, errores, gustos y malos hábitos en una mescolanza que resulta más interesante aún por la cantidad y diferencia de lugares donde vivió.
Pepe, o Joe tiene que vivir cosas que eran comunes y corrientes para los niños de su tiempo. Cosas que, dicho sea de paso, nos son desconocidas. Habitante de Piedras Negras, su educación comenzó en Eagle Pass, por lo que el choque cultural que es vivir entre dos culturas muy diferentes fue para él algo cotidiano, lo que explica su proceder posterior; no tuvo ninguna clase de problema en convivir y además, apoyar a diversos jefes revolucionarios tan diferentes entre sí como Madero y Obregón y lo que es más importante, nunca sufrió represalias.
Campeche, Piedras Negras, Durango, Toluca, la Ciudad de México y en menor medida Oaxaca son algunos de los lugares que son retratados en el libro. Los primeros nos cuentan una infancia dichosa, si bien apegada al catecismo de Ripalda (libro de cabecera de ese tiempo en la educación de los hijos, con máximas como:”la ociosidad es la madre de todos los vicios”), entre una familia oaxaqueña cuyo padre es un trabajador de aduana y que es movilizado cada cierto tiempo, lo que explica la cantidad y diferencia de todas las ciudades donde vivió Vasconcelos, y cuyo único denominador común era la importancia de las mismas como centros aduanales y de entrada de mercancía al país.
Otro aspecto a resaltar es que un hombre tan importante en la historia del país también tenía problemas escolares: inglés, matemáticas, las pintas y ese tipo de tentaciones a las que se ve sometido el estudiante universitario son cosas que tuvo que pasar; las noches de parranda y sus consecuencias son algo que se ve reflejado en sus memorias, aunque pese a ello, no dejó de lado sus estudios, hecho que se ve reflejado por su ingreso a la Escuela Nacional Preparatoria y la obtención de su Licenciatura en Derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1907.
Toda su infancia, todos y cada uno de los lugares, todas las influencias que tuvo, desde las celebraciones regionales hasta los posibles ataques “apaches” hacia una población en el desierto de Durango, Sásabe; desde el Campeche porfiriano hasta la Ciudad Juárez en medio de la primer etapa de la Revolución, todas estas influencias nos ayudan a entender la personalidad pero sobre todo, las ideas e intentos de cambio que realizó. Su actitud frente al pragmatismo del positivismo es entendible toda vez que se entiende que él asistió a una escuela con los métodos más nuevos de enseñanza.
La única parte criticable (y eso solo es opinión personal) es el odio que rebasa el plano político y más que evidentemente personal se observa hacia el final del Ulises por el Gral. de División Porfirio Díaz. Sin considerar, que gracias a su gobierno, él comió (no es exageración: su padre era burócrata asalariado del gobierno), creció y tuvo una educación más afortunada que la mayor parte de la gente de su tiempo, critica y destroza la imagen de dicha persona de un modo que eriza la piel.
Sus facetas de diplomático, niño, estudiante, abogado, filósofo e hijo son retratados en una autobiografía que, más que justificar sus actos, los explica. En este libro no se encuentran excusas a sus actitudes, por el contrario se observa ante todo algo que Vasconcelos aprendió en Eagle Pass: el amor a la Patria.